Camilo Solís
Agonía armamentista
Poco se refiere sobre los militares estadounidenses que, al regresar a su país tras cometer y presenciar sin fin de asesinatos durante la guerra, sufren una serie de padecimientos físico-mentales les llevan a suicidio. El tema no es muy familiar en México pues aquí la milicia protagoniza su propia guerra contra el narco: la guerra es en casa y tras ser utilizados en aquella, la opción suele ser aplicar lo aprendido para trabajar en otro tipo de violencia (al fin que ya lo hacían desde antes, sea cual sea el bando).
Agonía armamentista
Poco se refiere sobre los militares estadounidenses que, al regresar a su país tras cometer y presenciar sin fin de asesinatos durante la guerra, sufren una serie de padecimientos físico-mentales les llevan a suicidio. El tema no es muy familiar en México pues aquí la milicia protagoniza su propia guerra contra el narco: la guerra es en casa y tras ser utilizados en aquella, la opción suele ser aplicar lo aprendido para trabajar en otro tipo de violencia (al fin que ya lo hacían desde antes, sea cual sea el bando).
El Reino Mágico en Vietnam
¿Qué situaciones podemos observar como una agonía armamentista? Iniciemos con el afán de guerra del país con más compra-venta de armas en el mundo y su aventura en Vietnam (1965-1973): no sólo salieron derrotados ante un sencillo pueblo de agricultores organizado y levantado en armas, sino que su acto intervencionista trajo consecuencias para los veteranos defensores del sueño americano, siendo algunas, la adicción a las drogas durante y después de la guerra para mantenerse estables emocionalmente, problemas de adaptación a la vida civil, el suicidio o entrar a comercios y disparar al azar contra adultos, jóvenes y niños (los 21 muertos en MacDonalds, San Ysidro 1984).
Cuando se dan estos casos, predominan más las explicaciones que apuntan a otros motivos, también válidos, y eso si no impera el silencio; sin embargo, mencionemos una investigación de Mark Kaplan publicada en la Journal of Epidemiology and Community Healt (2007), habiendo sido un tercio de las personas investigadas, elementos del ejército estadounidense entre 1917 y 1994, combatiendo en conocidas batallas. El resultado general fue que “Entre los veteranos que cometieron suicidio, el 58% tenía más tendencia a realizarlos disparando un arma de fuego. Y sobre todo su propia arma.”
Armas se dispararon contra los presuntos enemigos del sueño americano, y luego los defensores de dicho sueño, se disparan a sí mismos. El área norte de Vietnam tomó las armas para enfrentar a las potencias colonialistas, las cuales cimientan su poder vía las armas, liberándose primero de Francia y luego de Estados Unidos, y podríamos pensar que la respuesta a las armas fue precisamente usar las armas -muchas proveídas por la URSS-, pero revisando la historia veremos que aún con armamento, en Vietnam sobresalió una equilibrada inteligencia y estrategia aunada a la resistencia.
El Reino Mágico en Iraq
Los antecedentes mencionados no evitaron la guerra en Iraq, y menos los suicidios de veteranos. El New York Times reportó el 19 de febrero de 2008 que “Los veteranos de la ocupación de Iraq y Afganistán cometen uno de cada cinco suicidios registrados en Estados Unidos, tras sufrir experiencias traumáticas de las que les resulta muy difícil reponerse, señaló el doctor Ira Katz, supervisor del programa de salud mental destinado a los ex militares”. Se sabe que a esta guerra existen miles de deserciones, pero poco o nada se habla de los intentos o consumación del suicidio, del peligro y sufrimiento que pasan los familiares de los suicidas. Se escucha más los casos de estudiantes que disparan a sus compañeros, y se responsabiliza a los videojuegos, la música violenta, las drogas, la familia… pero no a la compra-venta de armas, y menos a la guerra.
Desde la Independent Media Institute (IMI), Penny Coleman reporta en noviembre 2007 que, al contrario de las reducidas cifras oficiales, cada semana se suicidan 120 veteranos de Iraq. Coleman recuerda que, en plena evasión de lo anterior, surge una falsa “(…) superioridad arrogante en la forma como hablamos sobre las bombas humanas suicidas y las culturas que las producen. (…) En el 2005, 6.256 veteranos estadounidenses se quitaron la vida. El mismo año hubo alrededor de 130 muertes documentadas de personas convertidas en bombas humanas en Iraq. (…) ¿quién es el que está creando una cultura de suicidio y mártires? Si George Bush está en lo correcto, que en realidad es la desesperación, el abandono y la pobreza, lo que nos lleva a realizar esos actos, entonces ¿no valdría la pena destacar que somos nosotros los que estamos realizando el mejor trabajo?”. El Plan México y la Iniciativa Mérida son los nombres con que la agonía armamentista nos saluda, como si hiciera falta.
Regreso al país de los Chupacabras
Gracias a la propagandística difusión de la violencia y el miedo, los gobiernos mexicanos invierten mayores cantidades del presupuesto nacional para milicia, policía y sus respectivas armas; pero al tiempo que las balas aseguran nuestras vidas, muy poco se asegura la salud pública, la educación edificante, el respeto a la diversidad, a la autonomía de los pueblos, la protección de los recursos naturales, el trabajo digno, la libertad de expresarnos… todo esto también debido a la gran sumisión social que no exige ni defiende.
A nadie se le oculta qué política armamentista, de cuál país, tiene dispuesta toda la mercancía y empleados que sobraron de su más reciente fracaso bélico. A nadie se le oculta, pero aún no se disipa el vómito, la basura, los gritos y el discurso denigrante del alcalde César Bojórquez en Mérida, para quien “Recordar a los próceres es hoy la oportunidad de seguir luchando por la libertad de las modernas esclavitudes: las adicciones y la violencia (…)”, ante un festejo a la independencia acordonado por tal cantidad de balas como las del 2 de octubre en Tlatelolco para asesinar adultos, jóvenes y niños. Cientos de muertes, desapariciones y agonías perpetradas con aval del Estado, protegiendo la seguridad de avasallar al pueblo de México.